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Capítulo 3 - Lasciva Ilusión

Llegar al consultorio como todas las mañanas; con un paciente esperando con su cachorro en las sillas de afuera, un café en la mano y el celular vibrando en la cartera. A empezar el largo día laboral con frío en el cuerpo. Aunque siendo honesta, en mi caso, nunca hace falta hacer esperar a una perra mientras cruzo el consultorio temblando y envuelta al menos en tres abrigos; ni tampoco esperar a que la cafeína haga efecto para tal tarea: soy friolenta de nacimiento. Siempre tengo el cuerpo frío, como si me hubiese acostumbrado a vivir entre las noches más heladas a temperaturas inimaginables; y un temperamento incendiario, fácil de hacer enojar y más aún que mi carácter explote cuando me encuentran de mal humor. Soy un “fosforito” desde que nací.

Cada mañana recorro el metro subida en mis tacones de once centímetros porque, como ya sabéis aparcar en el centro resulta imposible. Al igual que llegar a tiempo a mi primera cirugía del día, porque aun llevando esta falda negra ceñida que impresiona hasta a las niñas de siete años con mochila de Hello Kitty que se cruzan conmigo camino a la escuela; me es imposible abrirme paso. Créanme pequeñas la idea de coronarte como princesa al tener una gata sin boca entre tu ropa interior no ha cambiado mucho desde entonces; es sólo que aunque no se la distingas porque está muy ocupada trabajando con ella, la gata no es Hello Kitty; tiene boca, y cuerpo de mujer y si tienen mucha suerte seguramente se llamará Paola, como la mía. En fin, atareada recorro la ciudad para llegar a mi trabajo y cambiar las bufandas y las blusas ajustadas por una linda camisa que me he bordado yo misma con una patica de perrito y una cola de gato que sube por mi costado cual gato acariciándome con su cola – aunque prefiero pensar que es la cola de Charlie–. Ya que como toda buena felina que le encanta asumir el rol de apoderada soy mujer de un solo gato.

Los clientes están serios, y es comprensible si hablamos de que las últimas semanas el consultorio ha sido cerrado antes de terminar de abrirlo a la hora del almuerzo; porque llega mi dueña y única amada con su guitarra, su chaqueta de cuero y algún afortunado minino rescatado por sus manos camino a su trabajo. ¡Ay es que la amo tanto! A veces simplemente es la pequeña gata interna que Paola lleva dentro que se pasa a llevarme el café de buenos días y a tocarme como a su guitarra, perdón, y a sonarme como su guitarra. Y es que es imposible que me toque sin que grite, y por mucho que ella me haga callar y me jure yo misma que los gemidos no son audibles es un caso perdido. La solución hubiera sido la de vendarme la boca pero el silencio excesivo atormentaba aún más la espera impaciente de mis pacientes.

Desde siempre nuestra relación ha sido completamente profesional, nunca dejamos que su trabajo, en mí, interfiera con el mío en mis pacientes. Por eso mismo teníamos horarios sexuales que las mascotas comprendían al tener sus instintos animales perfectamente desarrollados y a flor de piel, al parecer sus dueños humanos no tanto. Pero ese día todo me parecía fatal, comenzando por la idea de que yo misma me llevaba el café esa mañana porque Paola tenía una reunión muy importante, y lo único que haría ruido en el consultorio serían los ladridos de mis pacientes. Además ya había conseguido mi primera mancha en la falda, todo por culpa de Isabel y su costumbre de llamarme para preguntarme por el secador de pelo o algún libro de leyes que había dejado mal colocado encima de la mesa.

Esta vez sonó el teléfono local. Y alcancé a contestarlo encendiendo la luz del consultorio.

- ¡Buenos días! Ha llamado al consultorio veterinario de Anasta…

- Ya sé a dónde he llamado, para eso mi novia trabaja allí. ¿Cómo has llegado? – Yo parpadeo escuchándola “¿Qué para eso mi novia trabaja allí? No lo entiendo, para eso las novias se pasan temprano a darte un polvo de buenos días cuando no amanecen juntas” Pienso.

- ¿Ya has olvidado la manera como solías darme los buenos días en Venezuela? Al menos comenzabas con unos buenos… muy buenos sin tener que desearlo – Le respondo ofendida.

- Buenos días Bicho, llamo para avisarte que no podré ir hoy… Tengo un asunto que tratar.

- Pero…

- Nada de peros Bicho, voy a recibir una visita importante en la escuela de música. Si todo sale bien podré comprar el estudio a final de mes y me ofrecerán mi propia escuela.

Pestañeé rápidamente escuchando a mi amada al teléfono.

- Eso es maravilloso, te deseo todo el éxito del mundo mi amor y te anoto el polvo para tu lista de deudas.

- Te quiero, adiós

- Adiós.

Vuelvo a salir del consultorio. Y la mujer que tiene los ojos cerrados a causa de sus pesados y caídos párpados se levanta y dice que su gata tiene hambre y es la primera. Mi asistente incompetente, Mía, que se la pasa haciéndole ojitos a Paola aún no ha llegado y le pido apenada que debe esperar a que llegue mi asistente.

Tras un cuarto de hora por fin llega mi ex asistente, ya que pienso despedirla al final del día. Al menos, por supuesto que me pueda dar una excusa válida de retraso que no sea haber echado un polvo con su novio antes de venir al trabajo, porque la envidia derrotaría toda piedad. Además de acotar que pasé por un fuerte periodo universitario y de prácticas laborales donde la puntualidad siempre me abandonó. Ya era hora que llegara a mi vida, para lidiar con las irresponsabilidades horarias de otras personas. La jovencita se me acerca con ese cabello suelto que tanto me fastidia cuando le he pedido que venga con el cabello recogido. Mía entra al consultorio a colocarse su uniforme.

- Buenos días Mía. Toma a los dos perros que van a la peluquería. Edad, peso e historial de esta gata que vamos a esterilizar- Ella asiente y sale deprisa para atender a los clientes. A veces más que una asistente pienso que necesito una secretaria, pero después de una insistencia insoportable por parte de Caroline en darle trabajo a su prima la terminé contratando.

Mía entra con la gata en los brazos y una sonrisa que me hace sentir que estoy viendo una película de Disney. Al verla sonreír y susurrarle a la gata con cariño que todo estará bien me es imposible no perdonarla por el retraso. Maldición, yo y mi insoportable orientación sexual. Pero es que esta castaña es verdaderamente preciosa. Al instante recuerdo que siempre le anda haciendo ojitos a Paola y la pongo a trabajar.

“Desde luego, ese no era un día para llevar esa falda negra”. Pienso mientras Mía se prepara café en la máquina de expreso y rasuro el vientre de la gata persa. “Espero finalmente pueda tener su propia escuela de música, ha trabajado tan duro… pero ¿En dónde la abriría? Los núcleos en Barcelona están realmente concurridos de músicos y artistas. Seguramente podría pedirle a María que le echara una revisada al lugar para decorarlo a su gusto. Si es lo suficientemente amplio podríamos colocar unas mesitas bastante chics en la entrada… y algunos posters de músicos de la Old School… pero todo es decisión de Paola desde luego que sí.”

Veo a Mía servirse en la taza de café de Paola y frunzo el ceño sin darme cuenta. Ella esconde sus enormes ojos de búho bajo sus pestañas y le da otro sorbo a la taza. Se parece tanto a mí cuando tenía su edad. Diecinueve recién cumplidos y unas ganas de enamorarse sin tener ni la más mínima idea de lo que estaba hablando. Yo también era castaña a los 19. Seguramente Mía será rubia como yo en un par de años. Sin embargo era la mejor edad para comenzar a experimentar, si no se te acumulaban un número insoportables de posiciones por practicar, que lo digo yo que con mis veintiseis años todavía me falta. Y eso es culpa de Paola sin lugar a dudas, culpa de ella y su ridícula conformidad con los múltiples orgasmos, como si solo eso fuese la cúspide de todo. Un kamasutra entero que me falta por aprender, y Paola que nunca tiene tiempo. Suspiro. Le pido a Mía que coloque música antes de abrir a la gata, suena la guitarra suave de Daughter y realizo la incisión.

- ¡Perfecto! Aquí tenemos uno – Murmuré moviendo mis dedos con cuidado hasta sacar el ovario izquierdo de la gatica. Jalé un poco más y – ¡Bingo! Ya los tenemos – Agregué cosiendo un punto interno un par de milímetros del tejido dónde iba a cortar.

- Mía – susurro con la alegría propia de acabar una exitosa cirugía – Por favor, llama al restaurante Minamo y pide reservación para dos hoy en la noche, en el horario más temprano que tengan. Ponla a nombre de Paola y que se aseguren de escribir bien su apellido por favor.

- Enseguida. Si señorita Anastasia – Asintió dejando la taza de café sobre la camilla de la cirugía. Veo su labial rosa pastel marcado en la taza de Paola y frunzo el ceño.

- ¿Están de celebración? – pregunta con voz curiosa. Abre los ojos como si ambicionara saber todos mis secretos. Mía tiene una facilidad para que las personas le cuenten sus secretos. Sabe el hotel y la hora exacta en que su prima Caroline perdió su virginidad, también está obsesionada con la astrología. Conoce el signo zodiacal de todos los animales que van al consultorio.

- No estoy segura, creo que tiene buenas noticias para darme – Le explico con tono cortante. Mía asiente. La miro fijamente, y sonrío – Mía, luego llama a Paola y dile que has hecho la reservación y le das la hora. Por favor. – Le pedí comenzando a coser los puntos externos en una linda sutura lo suficientemente segura para prevenir saltos y correteos.

- Ya esta pequeña está lista – Dije quitándome los guantes y caminando elegantemente hasta tirarlos en la basura. Mía tomó a la gata y se la llevó a la sala de recuperación hasta que se despertara de la anestesia.

Después de recibir mil llamadas, y atender a una infinidad de perros me encontraba en casa trenzándome el cabello al final de la tarde. Preparada adentro de mi maravilloso vestido azul eléctrico para tener aquella misteriosa conversación con Paola. Estaba nerviosa, como siempre me ocurría cuando la iba a ver.

Al llegar al restaurante a la hora en punto, sonó el “tlin” del ascensor y salí, nerviosa, haciendo mi acostumbrado ruido con los tacones de Manolo Blahnik que yo soñaba comprarme desde siempre hasta que Paola finalmente me los había regalado para mi cumpleaños. Paola siempre entendió mis caprichos y mi amor hacia la ropa sin verlo de mala manera, a pesar de su extraordinaria sencillez para vestir. Eso era algo que me enamoraba de ella: su sencillez, era en ella casi un símbolo de tierna modestia, al igual que la empatía hacia los deseos y necesidades de otros. Caminé entre las sillas y las mesas de las personas tratando de evitar mirar sus platos de comida, ni tropezar con sus espaldares, eso siempre me ha parecido de muy mal gusto. Pero yo siempre eligiendo el camino más concurrido de obstáculos, deslumbraba con mi torpeza natural. Visualicé a Paola y me abrí paso hasta ella. Me encantaba ese restaurante, las cortinas, y la luz tenue y vintage. Era pequeño y daba la sensación de intimidad. Sonreí al ver flores lilas en el centro de mesa, pero sobre todo verla a ella sentada en mi restaurante preferido me llenaba de orgullo y fortuna.

- Lindos tacones Bicho – Dijo Paola sonriente con esa sonrisa que valía un millón de dólares - Guapa como siempre amor – Me miró con alegría, pero esta vez había algo más en ese precioso rostro que se veía incluso aún más hermoso recién lavado por las mañanas. Estaba nerviosa.

- ¿Cómo te ha ido hoy? – Susurré besando su mejilla con un leve rubor en mi rostro. Al besarla sentí un cosquilleo bastante agradable en mi piel que se extendió hasta mi barbilla y me hizo destellar levemente los labios en tonos plateados y escarchados. Tomé mi silla sentándome frente a ella.

- De maravilla – Dijo mirándome fijamente hasta hacer que tomara un trago de agua para no marearme en la intensidad de sus ojos. Su cabello, por lo general castaño, brillaba en tono bronce esa noche, como si llevara polvo de estrellas sobre su cabeza. En ese momento el mesonero nos trajo la cena. Paola se tomó la molestia de ordenar por mí. Siempre lo hacía y aquel gesto de dominio sobre mí que me parecía fastidioso en el resto de las personas, en ella lo encontraba fascinante.

- Me han ofrecido trabajar en la Orquesta -. Anunció finalmente.

- ¿Dando clases? – Pregunté abriendo los ojos sorprendida.

- Dirigiendo, me han contratado como directora de Orquesta, abrirán un nuevo núcleo – Agregó con la mirada llena de felicidad –. Además de eso por supuesto podré componer posteriormente. Mientras tanto Bicho… seguiré enseñando en la escuela de música de Sevilla, para no perder el trabajo que tengo aquí en Barcelona con los niños. Seguiré dando clases, para desarrollar la pedagogía. – Aseguró con dulzura - Les ha gustado mucho escuchar a los niños – Dijo con orgullo. Me miró con energía acariciándome con sus ojos tibios llenos de amor. Pero lo único que comprendí de todo aquello fue “Seguiré enseñando en la escuela de música de Sevilla” y “Para no perder el trabajo que tengo aquí en Barcelona” El corazón se me detuvo antes de asociar y darle sentido a sus palabras.

- ¿Te piensas mudar de Barcelona? – Dije en tono de angustia sin nada de felicidad.

- Amor – Paola me miró tan seriamente que sentí que me hundía en la silla mil metros bajo el piso del restaurante - es la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. No solo podré enseñar sino que tendré la oportunidad de compartir con artistas dedicados a la música igual que yo. Es muy diferente a darle clases a un grupo de niños. “Oh Dios Mío Paola me va a dejar, se va a ir” pensé sin ocultar mi expresión de terror.

- ¿Sevilla? – Repetí lentamente - ¿Y cuándo pensabas decírmelo? – Pregunté concentrándome en respirar.

- Te lo estoy diciendo ahora Bicho – El rostro de Paola se llenó de solemnidad. Su cabello perdió un poco de brillo.

- Yo planeé la cena Paola esto no cuenta. ¡Cónchale! – Dije en tono de reproche. Ella se puso triste, lo supe porque su piel dejó de resplandecer, y bajó la vista con rabia hacia su plato de comida. El corazón se me arrugó al instante y le tomé la mano. Sentí un leve cosquilleo extenderse por mis dedos, y mis uñas se prendieron de un azul cielo al entrelazar mis dedos en los suyos. La miré en silencio y después de un rato le pregunté - ¿Qué va a pasar con nosotras si te vas a Sevilla? Yo no puedo irme. Mi trabajo…Mi familia y mis amigas...

- Mis padres están en Sevilla amor. ¿No crees que es importante para mí tenerlos cerca de mí también? – Preguntó mirándome con una seriedad que me detenía el corazón.

- Por supuesto que sí, pero tus padres están juntos. Se tienen el uno al otro. ¿No crees que nosotras también deberíamos de poder estarlo? - Pregunté sabiendo que acababa de hacer una de esas preguntas en las que no quería escuchar respuesta.

Oh sí, aquí era donde temía verme involucrada. Paola no me tenía incluida en sus planes cuando se trataba de tener que elegir sobre sus padres, no importaba cuál fuese el motivo. La conversación fue breve pero intensa, igual que el sexo de reconciliación de esa noche. Aparentemente yo siempre tendría el último escalón de prioridades porque la adorable e incondicional Anastasia nunca se iría de su lado, era muy intenso el amor.

En resumidas cuentas Paola y yo habíamos llegamos por separado a la tierra. Pasamos varios años, hasta encontrarnos en este mundo. Y probablemente así pasaron los días, las semanas, y también los siglos, para que dos estrellas fugaces se encuentren en otras vidas; pero eso yo no lo sé con seguridad. A las estrellas fugaces no se les permite recordar sus vidas anteriores. No sabía cuántas vidas había reencarnado. Ningún alma que persista en la existencia humana puede saber eso porque entonces perdería el proceso de aprendizaje, sólo a través de la astrología y los nodos del karma pude descubrir algunas cosas de la vida pasada de Paola y la mía.

Desde muy niña he tenido un sueño inquietante que me llena de ansiedad y me mantiene pensativa siempre que despierto de él: la imagen de Venus y la Luna sobre mí, permanezco acostada en la grama mirando fijamente el cielo de noche. Ese momento que me recuerda la fecha exacta en que nací. En el año 1989 fue la última vez que Venus y la Luna se alinearon a la misma distancia de la Tierra, la noche del nacimiento de Paola, sin embargo aunque caímos la misma noche en esta vida Paola es mayor que yo. Lo que me hace sospechar que ella llegó a la Tierra antes de yo reencarnar.

Lo único que sabía antes de conocerla, era que Paola y yo vivimos sin buscarnos, ni recordar lo que éramos por dos décadas. Si pienso un poco por qué Paola me ha hecho perder la cabeza, no sabría por dónde empezar. Amo tantas cualidades en ella.

A pesar de su naturaleza de estrella, a Paola no le gustaba nada llamar la atención. Siempre prefiere pasar lo más desapercibida posible cuando está rodeada de muchas personas. Todo lo contrario a mí, quizá eso es lo que me gusta tanto de ella, somos tan diferentes, pero en el fondo de nuestro ser poseemos la misma naturaleza, el mismo respeto hacia las cosas simples de la vida. A pesar de su calma, Paola es una mujer que suele hacerse respetar siempre y no se deja pisar de nadie. Le encanta cuidarse y es una gran amante del ejercicio. Esa pasión que tiene por estar en forma y mantener la línea en ocasiones le causa ciertos problemas con las personas que la rodean, ya que puede volverse muy maniática a la hora de decidir qué comer, algo que afecta a todos los miembros de su familia, y a mí también. Pero yo acepto lo que ella desee en su dieta sin poner mucha resistencia, me gusta ante todo darle seguridad y hacerla sentir cómoda y admirada.

En el trabajo Paola es muy responsable y cumple con todo lo que le mandan. No le importa trabajar más horas con tal de terminar lo que tenga que hacer. Con sus compañeros siempre genera buen ambiente y tiende a ayudar en el momento que la necesitan. Realmente es difícil que alguien tenga alguna discusión con ella o tengan algo negativo, es muy fácil querer a Paola. Ella es una mujer muy perseverante y entregada a lo que hace por eso en el plano profesional cuando inicia un proyecto, debido a estas cualidades es muy seguro que lo conseguirá llevar a buen puerto. Y por eso estoy tan segura que cuando se vaya a Sevilla se olvidará por completo de mí.

En el amor es mujer de una sola persona, cuando se enamora desde luego es para siempre. Al menos eso me asegura ella. Me dice que intentará que así sea porque es muy fiel y familiar pero tengo tanto miedo de perderla.

Así es Paola, para mí es la mujer perfecta. Todos sus defectos son sólo un complemento de su totalidad. Es adorable y así lo será toda su vida porque su esencia es la misma aunque su aura cambie. A Paola la conocí un día cuando estudiaba medicina veterinaria en Venezuela, por casualidad, como se conocen todos los grandes amores. Sin saber cuál era nuestro propósito o destino. No sabía que la buscaba, ni que la amaba, hasta que la toqué.

Fue en la biblioteca de mi Universidad, ambas tomamos el mismo libro: “El segundo sexo” de Simone de Beauvoir. Era el único ejemplar que había en el segundo piso de la biblioteca de la Universidad Central de Venezuela. Ella intentó coquetearme y me pidió que conservara el libro, al tomarlo rocé sus manos y mi luz se fundió en la suya. Ese día hubo un temblor en el campus de la Universidad. Las placas tectónicas de la tierra se movieron con el primer contacto humano de nuestros cuerpos. Lejos de lo que afirman los científicos, el movimiento de las placas tectónicas que origina terremotos y tsunamis ocurre cada vez que dos estrellas fugaces entran en contacto, tras haber estado largo tiempo separadas. Entonces lo supe, la había amado por siempre. Paola era la mujer de mis sueños. Fue cuando descubrí que brillar era lo que sabía hacer mejor. Cuando finalmente nos besamos pude recordar mi vida de estrella. La primera vez que nos besamos recordamos lo que somos, y de dónde venimos. Únicamente al volver a brillar junto a otra estrella, se nos es revelado que eres de otra raza. Es un secreto, y debemos mantenernos a salvo.

Sus manos le pusieron una razón a todas mis reencarnaciones. Cuando Paola llegó a mi vida pude irradiar una luz gigante a su lado. No sé si abrí los caminos para que Paola llegara a mi vida, si estaba lista para la manifestación de mi alma gemela. Quería una relación para traer luz al mundo, pero no sabía que la unión de dos personas lograba crear chispas, hasta tocarla. Era una energía poderosa y llena de equilibrio, que me hacía temblar de miedo. Miedo de sentir que no era suficiente para recibir tal energía, miedo de que Paola pudiese notarlo y me dejara de amar. Tal vez sean los miedos más comunes entre los humanos, no lo sé, pero algo me dice que debería saberlo.

Estar a su lado no se trata de posesión, se trata de que juntas podemos ampliar la perspectiva del ambiente, hacer que se alce la energía circundante para todas las personas, como un suspiro dejado en el aire. Una unión benéfica en general. Sin embargo nuestra unión parecía atraer el caos. Cada vez que nos tocábamos podía brillar, pero también hacíamos temblar muchas cosas, objetos, coches, incluso edificios a nuestro alrededor. Temblaba y temblar era otra forma de vibrar que no conocía de las estrellas. Tal vez, temblar era nuestro castigo, nuestro karma o destino, tal vez nuestra energía no podía fundirse en la otra, y únicamente podíamos vibrar positivamente sin tocarnos. Pero al tocarnos, Paola y yo nos volvíamos peligrosas, porque todo parecía derrumbarse cuando más intenso era mi deseo de fundirme en ella.

Pude volver a brillar, y la pude amar. Sin embargo, mi corazón no estuvo tranquilo por mucho tiempo. Pues mi destino era no poder entregarle mi corazón a Paola, ni en el cielo, ni en cualquier otro lugar. No recuerdo nada de mis vidas pasadas. Tampoco recuerdo hace cuánto llegué a La Tierra. Apenas tengo algunas imágenes del universo que me aseguran que yo no pertenezco a este lugar. Y el brillo de Paola y esa sensación de lucidez que me entrega su compañía me hacen recordar que lo deseaba desde hacía millones de años: sentirla a ella, tocar su cuerpo divino de mujer.

No está permitido querernos según las leyes de la humanidad porque al encontrarnos irradiamos una luz y una vibración sobrenatural. Quizá por eso el destino nos hizo a ambas mujeres, representando un amor prohibido entre dos seres del mismo sexo. Las estrellas fugaces que renacen en la tierra no tienen permitido amarse, ni tocarse, ni mucho menos encontrarse. Pero algo ocurrió la noche de mi nacimiento, que me hizo estar en el destino de Paola. El deseo que me dio vida como humana estaba unido al destino de Paola.

Ser una estrella fugaz que ha encontrado su alma gemela en la Tierra, también tiene sus desventajas. No todo es color de rosa. Brillar puede ser muy peligroso cuando paso tiempo separada de Paola. Entonces la energía comienza a apagarse dentro de mí, y la fusión al encontrarnos es realmente intensa. Es como calentar por mucho tiempo un plástico y mirar cómo responde este ante el calor, explota, necesita expansión. Mientras más la deseo, mientras más tiempo pase lejos de ella y mayor es el deseo intenso de que vuelva, mayor será el daño que ocasionemos en el próximo contacto. Podríamos ocasionar temblores si nos reencontráramos después de 5 años separadas, o incendios forestales si pasáramos la noche acampando. Si me alejo de Paola por un tiempo prolongado podría apagar por completo mi brillo, una parte de mí dejaría de existir, ensombrecida por mis miedos, y luego al encenderme en algún reencuentro fortuito podríamos brillar de manera violenta y peligrosa. Si nos acercamos luego de estar tanto tiempo separadas podríamos consumir todo nuestro brillo en un abrazo. Es algo que a ciencia cierta no hemos confirmado porque no nos hemos permitido alejarnos por más de un par de meses desde que nos conocimos. Era algo tan delicado y tan impreciso como la salud de un diabético. Y eso sin duda ocurriría si ella se iba a Sevilla.

Siempre supe que lo nuestro no pasaba más allá de los cimientos de Madrid cuando llegamos como venezolanas refugiadas a España. El chavismo estaba instalado en Venezuela y la gente moría escapando del régimen, el país se arruinaba y todos buscaban emigrar. Entonces decidimos mudarnos a Barcelona cuando escuchamos que una amiga, Daniela Camacho, vendía un viejo local en el centro de la ciudad porque se mudaba a Londres, donde ella pensaba que sería más feliz con el clima de no saber si es de mañana o es de tarde con el sol que nunca se ve. Pues Paola y yo aprovechamos la oportunidad de instalarnos en Barcelona, ella siempre ha creído en mí, y me apoyó para abrir un consultorio veterinario. Seríamos como el sol de Londres si ella se iba. Y lo fuimos, y se fue, y un día simplemente el sol ya no salió. Desde entonces supe que no era de mañana ni de tarde, simplemente me había llegado la noche y no podía brillar porque Paola ya no estaba conmigo.

Ninguna estrella puede brillar con el corazón roto. Y Paola rompió el mío cuando se mudó a Sevilla. Debía averiguar cómo una estrella sobrevive en La Tierra, y pierde su brillo sin morir. Dos estrellas que se lanzan del universo para practicar el clavado en la Tierra, sin saber nadar, porque nunca antes tuvimos agua. Las estrellas no tienen agua, mientras que el 70% del cuerpo humano es de pura agua. El agua describe bien mi inexperiencia siendo humana, buscando el destino escrito en las estrellas, aprendiendo a brillar sin necesitar fundir mi luz con la de Paola. Aprendemos a nadar, a tomar agua y a hacer surf una vez acá abajo. ¿Y para qué? Terminaríamos separadas, apagándonos lentamente, sufriendo entre la raza humana mientras le damos sentido a la felicidad. Tan solo un pestañeo de millones de años observando el amor desde arriba y de repente lo tienes en tus narices y al segundo siguiente se muda a Sevilla sin llevar mis fotografías desnudas en el forro de su guitarra. Me desgarra el corazón. Pero así somos las personas, no valoramos cada segundo, pensamos que si nos salen mal las decisiones tendremos el mañana para arreglarlo. Porque las personas siempre piensan que tienen mucho tiempo que perder y lo único que tienen son momentos que ganar. Sin embargo las estrellas tenemos viviendo millones de años, y sabemos que la vida no es suficiente para crear ese montón de momentos y vivir de ellos. Todo lo eterno tiene un costo: la vida misma.

“Se preguntarán el final de toda esta telenovela. Es muy sencillo, el final es el presente. Porque sigo viva aunque el cabello me ha oscurecido al menos tres tonos de rubio y la piel se ha vuelto opaca y bronceada, perdiendo su brillo traslucido original. Y ahora estoy en la calle Carrer de la Princesa 50-52, tomándome mi trago favorito en mi bar japonés favorito después de romper con mi último intento de relación, Melisa. Que terminó por lanzarme una brujería espiritista en contra de Paola. Soltera, emocionalmente inaccesible, colada por una pintora que hasta ayer me he enterado que sigue follándose a su ex novia: Betzabhet. Mientras juega a volverme poesía entre sus tintes, y supongo que vetada a tener sexo emocional más allá del que puede recibir una puta durante bastante tiempo. En fin, creo que pasaré de las mujeres a los hombres. Pero ¿sabéis algo? Me rio de todo esto; porque ya se me han acabado las lágrimas desde hace mucho. La rabia marcada cada vez que me desvisten otras manos suele ser confundida con el sadomasoquismo. Y mi Venus en casa 10 me hace ser extremadamente vanidosa; de esa manera logro renunciar a Paola y a la poesía natural y honesta que me inspiraba a escribir, a todo lo que de mí brotaba naturalmente para entregarle a ella, y a los tacones que me regaló y que tanto me gustaban pero que ahora tienen al menos cinco capas de polvo y se han vuelto el nuevo hogar de alguna araña de patas finas que vive en mi closet. Ahora tengo un corazón compartido donde nadie paga el condominio pero todas quieren pasar lengua en las paredes desde Madrid a Barcelona, y una espalda alquilada que se cuida de ser dinamita escondida bajo mis lunares. Un cuerpo lleno con los planetas apuntándome a la sexualidad. Con eso de tener a Escorpio, Marte, Tauro y la Luna en la casa 8, generalmente me apetece siempre follar. Y un ascendente virgo insoportablemente virginal que sigue amando a Paola en esencia y alma porque en cuerpo es imposible dejar de lado mi necesidad de erotismo. Ahora estoy lista para entrar a la cama con cualquiera que quiera borrar la historia de Paola de mi cuerpo y rescribir mi anatomía desde la memoria de otras manos, también reemplacé la corona de estrella brillante y deslumbrante, por una nuca receptora de un cuerpo humano, que solo se eriza completamente con los labios de Paola, y por último tengo la manía de vivir —sin ella. Estoy muy jodida, lo sé. Pero este ni siquiera es el final, porque estoy esperando a que Paola me llame para quedar en esa librería de libros de filosofía y autores muertos llenos de polvo. Por donde siempre solíamos pasar tomadas de la mano, e ignorando cómo brillaban mis dedos entrelazados en los suyos, y la manera en que temblaban los coches estacionados al nosotras besarnos. Espero por ella para entregarle el mediodía en una sonrisa, y la media noche en el brillo de mis caderas. Y rezando porque no me pida un polvo de despedida y me eche de su vida después; y rogando porque me arranque las bragas y le enseñe a las otras que no solo pueden desvestirme sensualmente sin romperme la ropa de encaje, sino que ella sabe hacerlo hasta hacer brillar mi alma – la suya.”

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