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Ella escribía la pimera vez que la vi

Viajando a Londres de regreso al Instituto Lycan

Psyque POV

A mis diecinueve años, no sabía nada de los asuntos del

corazón, ni del mío ni, por supuesto, del de los demás, y

aunque de vez en cuando me veía sorprendida y zarandeada

por los bandazos de la tristeza y la alegría que guardaba la vida para mí, todavía era incapaz

de entender que, entre ambos extremos, podía desplegarse

todo un abanico de estados intermedios, lo cual me

desconcertaba a menudo y me desanimaba bastante.

Fue en un golpe de suerte, con mi eterna juventud rebosante de brillo y júbilo que conocí a Rain. Yo viajaba de regreso a Londres a la tierra de los hombres lobos, y dejaba mis fantasías de querer vivir una vida normal entre los humanos, así que luego de escaparme y fracasar en mi aventura al terminar desayunándome a la humana con la que estaba que había sido mi novia por un par de semanas, y después transformarme en medio de una noche de pasión con otra humana mujer sin poder contener mis instintos; renuncié a la idea de tener una novia humana y volvía al instituto Lycan donde cursaba el segundo año de medicina. Llegué al aeropuerto con apenas dinero para el boleto de regreso así que tuve que llamar a mi molesto padre para que me enviara dinero y me fuera a buscar, o enviara al chofer que me llevara al instituto.

Fue allí, entre los aparatosos aviones de primera clase, reflejando su elegante y ligero vuelo frente a las puertas de cristal, que vi a Rain. Ella tenía unos audífonos color rosa, y el cabello rubio y suelto le caía en una cascada de ondas por detrás de la espalda. Ella escribe. Siempre escribe, sumergiéndose en su cuaderno. Esa fue la primera vez que la vi.

Estaba escribiendo en el aeropuerto. Siempre le ha gustado escribir con pluma en mano. Quise preguntarle desde que la vi: "¿Eres escritora?" "¿Qué escribes?" Para ella, cada vez que escribía era una comunión con Dios. Un momento especial en el que se sentía llena de amor y bendecida por el cielo. No había nada más especial para ella que ese momento en que escribía.

Mi nombre es Psyque, Luna de los siete rayos del Pack Estrella Azul. Esta es la historia de como me enamoré de mi luna, incluso sin conocerla, sin diferenciar si era una hermosa humana o una mujer loba. Sencillamente quedé flechada de ella la primera vez que la vi.

Una semana atrás

POV Rain

Hoy la he visto, hoy la he sentido, y mi corazón ha latido con fuerza, como si en ese instante hubiera encontrado algo que no sabía que buscaba. No tenía idea de lo que iba a ponerme esa mañana, solo sabía que debía verme perfecta para ella, esa mujer misteriosa que apareció en mi vida sin aviso, sin siquiera saberlo.

Me levanté con nervios, con una mezcla de ansiedad y emoción que me retorcían el estómago. Desayuné tres panquecas con mermelada y yogurt, en un intento confuso de calmar los nervios que me tenían al borde del caos. Antes de decidir qué vestir, revisé mi armario una y otra vez, descartando pantalones y optando por un vestido ajustado de seda en tonos oscuros, acompañado de unas botas de cuero negras. Me peiné con cuidado, dejando caer mi cabello en ondas suaves que enmarcaban mi rostro, y me maquillé con tonos sutiles, resaltando mis ojos, como si quisiera que ella se perdiera en ellos.

Sabía que sería un día soleado, y eso me hacía sentir aún más viva, más segura de mí misma… o al menos, eso intentaba. Solo esperaba no actuar como una tonta, o parecer demasiado vulnerable. Quería que ella me viera como alguien fuerte, alguien que podía ser valiente, aunque en realidad mi corazón latía acelerado solo con pensar en ella.

Mi destino era el metro, ese lugar donde las historias más inesperadas comienzan. Iba en camino a la estación más cercana, con la esperanza de encontrarla allí, esperando en silencio, con la respiración contenida. La noche anterior, hablamos por mensajes, y ella me dijo que ya estaba en Caracas, que pronto llegaría.Juntas compraríamos su boleto para ir a Londres y yo también viajaría a Londres con ella pues las clases en el Instituto Lycan me esperaban para iniciar. Yo todavía no había llegado a la estación, atrapada entre el nerviosismo y la emoción.

Mientras caminaba, mi celular vibró en mi bolsillo. Era un mensaje de Psyque, esa mujer que aún no sabe lo que es en realidad, pero que ya ha despertado en mí un montón de sentimientos que no puedo explicar.

**Psyque Smith:** Flaca, ya estoy aquí.

**Psyque Smith:** La estación del metro LA BANDERA, ¿por dónde vienes?

**Psyque Smith:** ¿Vas a venir o qué?

Le respondí rápidamente, apurada por no perderla de vista, por no dejar que se me escapara.

**Rain Berhnhardt:** Voy en camino, espérame.

Compré un chocolate en un quiosco cercano, como excusa por mi tardanza, y me adentré en el metro. Mientras esperaba el tren, miré por la ventana y vi cómo las estaciones se deslizaban rápidamente, como si en cada una se escondiera un secreto. Sentí que esa tarde sería diferente, que algo iba a cambiar.

El tren llegó y me sumergí en su interior, encontrándome con su reflejo en el cristal. La imagen de ella, esa mujer con ojos grandes y ansiosos, se mezclaba con las sombras y las luces del vagón. La percepción de nuestro destino se volvió más clara, y aunque aún no sabía quién era en realidad, sentí que esa conexión iba más allá de lo que podía entender. Era como si nuestras almas se reconocieran, sin que ninguna de las dos tuviera la menor idea de lo que nos aguardaba.

Mientras el tren avanzaba, revisé los mensajes en mi celular y vi sus últimas palabras, esa esperanza que se encendía en mí con cada línea.

**Psyque Smith:** Flaca, ya estoy en la estación.

**Psyque Smith:** ¿Vienes por aquí?

Le respondí con una sonrisa nerviosa, sintiendo que el universo conspiraba para unirnos en ese día.

**Rain Berhnhardt:** En camino, espérame.

Afuera, la ciudad seguía su ritmo frenético, ignorando que en sus entrañas dos corazones estaban a punto de descubrirse, de entender que lo que parecía casual era, en realidad, un destino escrito en las estrellas.

Pronto llegaría a La Bandera, donde la vería por fin, y en ese momento, el aire se llenaría de un silencio expectante, de una promesa aún por cumplir. Solo entonces, comprendería que aquella noche en el metro no era solo un encuentro más; era el inicio de algo que cambiaría nuestras vidas para siempre.

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