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Confesiones de Sangre

A medida que iba escuchando su música, me fascinaba más su estilo musical, entonces Psyque se acercó a mí y recostó su cabeza sobre mi hombro. Apenas podía voltear a verlo, la sentía tan cerca recostada en mi hombro que era imposible mirarlo y que no se me escapara esa especie de brillo especial y mejillas sonrojadas que tanto me avergonzaban.

Me sentía tan tranquila y tenue como un rayo de luna alumbrando las calles de cualquier ciudad por donde pasáramos esa noche, lo tendría así durante horas, tan cerca de mí. Lo miré con recato y admiré su cuerpo, sus brazos bordeaban mi cintura, mi cuerpo reposaba recogido en posición fetal y Psyque me envoví por la espalda, escuchando las canciones de mi teléfono con los audífonos pustos, él escuchaba la música de mi Iphone.

- Tienes muchas canciones aquí que yo tenía en mi Iphone antes – Me dijo.

- Tú también tienes canciones buenas – Murmuré con suavidad.

- Pásame esta canción – Susurró con la luz del celular alumbrando su rostro.

- ¿Cuál?

- Piece of me – Ashlee Simpson

- Sky full of Stars – Coldplay

- Tienes buen oído musical – Susurré tomando ambos teléfonos para pasarle la música.

- Por eso me gusta tanto tu voz

- ¿Qué te gusta quién?

- Tu voz Rain– Dijo en un hilo de voz.- Me gusta tu voz Rain.

- A mí me gusta la tuya – Susurré con dulzura. Me quedé en silencio y fingí concentrarme en el celular, él permaneció recostado cerca de mí.

- Lo sé, pero la tuya es sensual y dulce. Es irresistible cuando hablas así bajito – Dijo con picardía. Las mejillas me ardieron.

- A veces pones la voz muy delicada, como si quisieras compartir el sonido de tu voz en su estado más puro solo conmigo – Continuó diciendo. No supe que decir.

- Gracias - Susurré nerviosa, prensé mis labios ocultando una sonrisa.

- Tu teléfono se descargará – Anuncié al terminar de pasarle las canciones -¿Podemos escuchar música del mío? - Pregunté girando la conversación

- Claro – Aceptó como si la estuviese invitando a bailar.

Me coloqué uno de sus auriculares inalámbricos, volteé y quedé viéndola de frente mientras el iba pasando las canciones de su celular y escuchábamos música. Coué a cargar el Iphone en el cargador de mi puesto el avión. Me daba curiosidad saber cuáles le gustaban y cuáles pasaba de largo. Recosté mi cabeza sobre la cabecera del asiento, estaba frente a él. Psyue también se acomodó, ahora estábamos al mismo nivel. Escuchando la música de su teléfono.

Comenzó a sonar We were born to die de Lana del Rey, ahora Psyque y yo, manteníamos la cabeza a la misma altura. Tenía el corazón en la garganta, pues la sentía muy cerca de mi boca, al tiempo que escuchaba la música, “¿Why?” sentía a Psyque y respiraba su energía… percibía el calor que emanaba su cuerpo... “¿Oh me?” Su nariz estaba a centímetros de la mía. Quería quedarme así, estar a centímetros de su boca, pasar mi vida viajando con el. Esperar todo el tiempo que pudiera de la misma manera que esperan las olas, durante el atardecer, para ser imantadas finalmente cuando llega la noche por la luna. Mi corazón latía tan deprisa como el mar inundando de espuma toda una playa, mi cuerpo se volvía de arena, y el se volvía el mar en calma. Mi debilidad, era toda el, un hombre lobo a mi lado, y el tiempo parecía dilatarse cada segundo que pasaba tan cerca de su piel. Besarlo era el lugar donde quería permanecer. Volar durante solo un momento, que el volvía eterno en un beso.

Lo sentía venir, el acercaba su rostro al mismo tiempo que yo me acercaba hacia el, y lo podía sentir venir. “Feet don`t fail me now”. Me esperaba durmiendo en sus labios. Parpadeaba en sus pestañas cargadas de sueños rotos, reposaba en las mías cargadas de ilusión e inocencia. “Take me to the finish line”. Viajábamos con la canción, ya no viajábamos a Londres, me llevaba a cualquier lugar donde sus labios eran la luz al final del túnel. Iba a cualquier lugar que no conocía. No ocurrió nada que no conociera anterior al beso de el, no era distinto al sabor del pollo o del pescado, al roce de una barba de cinco días sin afeitar, o a los besos en los dedos de los pies, rotos de una bailarina, al beso en la frente de un bebé recién nacido, o a un beso en la nariz fría de un gato. No era distinto, ni estaba cargado de menos emoción que aquello, pero era extraordinario y siempre lo sería.

Susurraba electricidad, calor y energía, en cada átomo nacido en la unión de nuestras bocas, lo sentía extenderse por mis labios, cosquillearme las mejillas y flotar sobre toda mi piel hasta envolverme el corazón. Un susurro infinito y frenesí. Lo sabía. Se sentía tan frío y calmado, y aun así quemaba la boca y era salvaje. “Don`t make me sad, don`t make me cry”.

Quería saber y descubrir cada centímetro de su boca. Quería darle todo lo que me hacía sentir y ella no conocía, solo entregarle todo de mí, mis formas y sentidos al besar. Un suspiro. Se movía inquieto como todos los versos que le escribían cosquilleando mis dedos. Brillaba en nuestros labios, era dorado, y luego azul, era púrpura y luego rojo. Quería aprenderme el secreto de sus labios de memoria. Descubrir por qué las tormentas al limpiar el desastre que deja un terremoto causan uno mayor. El no lo sabía, pero su boca era terremoto y tormenta, me quebraba y me ahogaba. “Sometimes love is not enough and the road gets tought”.

Se lo decía y le explicaba lo que sentía con mis labios, y su beso lo comprendía, reía y convertía la música en el sonido de nuestros corazones latiendo. De pronto nuestro beso se volvió apasionado, él me tomó por la cintura y mi blusa se había subido un poco por detrás de mi espalda, ahora que estaba inclinada contra él. Él sintió la piel desnuda de mi cintura y deslizó su mano por mis caderas. Me apretaba contra él. Y algo dentro de mí temblaba queriendo ser liberado, temblaba en mi garganta. Derramaba el placer en mi boca, me alimentaba. No había otro sitio en el mundo donde pudiese sentir mayor seguridad y tanta inestabilidad al mismo tiempo, otro sitio además de su boca. Lo veía permanecer, permanecía sosteniéndome de la mano. Todos los sueños eran amarrados a plumas, flotaban libres sobre el mar. Permanecíamos en esencia y libertad.

El frío del aire acondicionado y las luces a través del cristal pasaron a ser la noche y la brisa que brillaban dentro de él. EL mundo ahora lucía distante, congelado, erizando mi piel, y a la vez hirviendo, quemando mi cuerpo. Lo sentía en mi boca como un silbido, como si fuese parte de una memoria que me traía la nostalgia. Podía tantear todas las sensaciones de nuestros labios, hasta sentir el frío del bus calarme los huesos. Ya no estaba en ese bus, y Psyque tampoco. “Keep making me laught Let`s go get high the road is long, we carry on. Try to have fun in the mean time.”

CAPITULO 6

Mi cuerpo ardía y mis labios me dolían de lo fuerte que había comenzado a besarme. De repente ella parecía devorarme la boca y yo casi podía escuchar mis gemidos queriendo ser liberados en sus labios. “Let me kiss you hard in the pouring rain”. La dejé de besar y tomé una bocanada de aire gélido. Regulé mi respiración y ella dejó de presionarme contra su cuerpo. Hay bocas que por alguna razón están hechas a tu medida en ese preciso momento que haces cualquier cosa por encajar con ellas. Aunque sean piezas diferentes en naturaleza, aunque no calcen del todo, como encajar una pieza de la música en los empeines de una bailarina. El deseo de encajar, la fuerza de atracción, desintegra el origen de cualquier fotón. Todo lo que hagas por besarla desintegra tus átomos y tu esencia, revolucionas tu cuerpo dándole una nueva dirección a algo que se siente muy bien siendo lo incorrecto. Te moldeas y te transformas.

Lo recuerdo porque me dejó de besar y me susurró con dulzura:

- Tienes la boca muy pequeña y no te puedo besar bien-. Yo le sonreí con ternura y le contesté

- Tú hueles a perico - Admití con suavidad, aunque ya era algo que no me molestaba.

- ¿Qué? – Preguntó Rocío con tono de miedo.

- Que hueles a perico – Repetí en un murmuro.

En ese momento se alejó de mí y percibí su miedo. Me asusté como si fuese yo a la que hubiesen descubierto haciendo algo indebido. La tomé de la mano.

- ¿Por qué hueles así?

- ¿Cómo conoces ese olor? - Quiso saber.

- Tengo un amigo en la Universidad que siempre lo hace.

Temí haberlo arruinado todo cuando Rocío se quedó en silencio por un rato y volteó su rostro mirando hacia la ventana.

- Me siento muy avergonzada – Dijo, finalmente, bajando la mirada.

- No te sientas avergonzada, no pasa nada, ¿vale? – Susurré con dulzura.

- No me siento orgullosa de esto, de verdad perdón – Susurró en un hilo de voz.

- Está bien – Le respondí. Sé que no está bien drogarse pero solo quería que me fuera honesta y lo estaba siendo. Tomé su mano y la acaricié con la yema de mis dedos tiernamente – No eres ni la primera ni la última persona que lo hace, ¿Pero por qué lo haces? la nariz se te va a poner horrible – Añadí con frustración.

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