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Capítulo 5. Habitación de Hotel

— ¡Misa!

La voz del rubio hace que me voltee hacia la entrada del local. Se quitó toda la capucha, camina junto a otros tres chicos los cuales se han quitado las capuchas igual. Uno es rubio, otro es mulato y el último es moreno. Él se posiciona frente a mí. Me mira un instante en silencio, suspira. Mira a Misa.

— Explícate.

Misa lo mira nerviosa. Abre y cierra la boca sin saber que decir. El rubio la mira una vez más.

— Misa...

—¡De acuerdo!— Alza sus manos al aire.— Ella no sabía nada.

El rubio la mira molesto. Baja la cabeza y se acaricia la nariz con los ojos cerrados.

— Vete. — Le pide a Misa. Ella lo mira confundida con el ceño fruncido. Él abre los ojos y la mira una vez más.—¿No escuchaste Misa? Te dije que te largaras.— Le vuelve a decir señalando la entrada del local. Misa toma su máscara y se marcha del local sin decir palabra alguna.

Mira a Andreu el cual no ha dicho palabra alguna. Se separan un poco del grupo y hablan de algo muy bajo, no puedo escuchar. Luego Andreu lo abraza y sale igual del local. El rubio se voltea hasta donde estoy sentada, yo no lo miro, pero siento sus ojos sobre mí. Siento que se sienta a mi lado. Toma un mechón de cabello y lo pone tras mi oreja,me volteo a ver sus ojos. Él me sonríe un poco. Mira a sus amigos.

—¿Vienes con alguien?—Está mirando a sus amigos,pero sé que me habla a mí.

—Aaa... si, vine con unas amigas.

Voltea a mirarme.

—¿Cómo se llaman?

No digo nada. Él me sonríe un poco.

— No te preocupes. No las quiero para prostituirlas.

Qué chistosito el niño. Fuerzo una sonrisa.

— Sus nombres son Roxanne y Elisa. Están vestidas de angelitas al igual que yo.

Él mira a los chicos y estos salen por la puerta de metal dejándonos completamente solos. Voltea una vez más a mirarme sentado en uno de los posabrazos del sofá. Alzo mis ojos hasta los de él. Está serio,luego sonríe de medio lado haciéndolo aún más atractivo. Suspira.

— Perdona a mi hermana. Ella tiende a ser... traviesa.

— ¿Her...?

— Si. Misa es mi hermana.

— ¡Oh! No, no me esperaba eso.

Sonríe un poco.  Debo aceptarlo. Él es súper mega atractivo. Nos quedamos en silencio. No sabía que decir y por lo visto, él tampoco. Juego un poco con mis uñas.

—También perdón por mí.—Miro sus ojos.—Lo siento de verdad. No sabía que no eras una...una...

—¿Una cualquiera? Descuida.

Las puertas se abren y entran mis amigas. Me levanto del sofá y corro a abrazarlas. Roxi se separa un poco de mí y toma mi rostro entre sus manos.

—¿Cómo estás?— Me pregunta asustada. Sonrío un poco.

— Estoy bien Roxi. No te preocupes.

— Esa Misa. No debiste confiar en ella.— Dice Elisa molesta.— Mejor nos vamos.

— Yo puedo escoltarlas.

Dice el rubio. Las tres volteamos a mi mirarlo.

— No es necesario.— Digo rápido.

— Por favor. Insisto. Maik.

Él llama a uno de los chicos. El mulato de acerca a él y le entrega unas llaves.

—Vamos.

Sin dejar espacio para objetar pasa por nuestro lado y sale hacia un parqueo con varios autos de lujo. Abre una camioneta negra y nos indica para subir. Eso hago. Subo en la parte de atrás junto con mis amigas.

Él me mira mediante el retrovisor y sonríe de medio lado. Enciende el motor y sale del viejo almacén. Nos pregunta dónde dejarnos. Yo no tengo muchas ganas de encontrarme con Misa. Miro a Elisa. Ella entiende. Le indica dónde está su recidencia. Llegamos. Abrimos la puerta y bajamos.

— Gracias por traernos.— Le digo y me volteo rápido para entrar.

— Espera.

Mierda... Me volteo un poco. Roxi y Elisa se han adelantado un poco.

—¿Si?—Pregunto en tono sarcástico. Él bajó del auto y camina en mi dirección.

—¿Cómo te llamas? Aún no me has dicho tu nombre. El mío es Zain.

Me tiende su mano para que la tome. La miro un instante. Lo pienso un poco pero al final la tomo. Zain me hala hasta su pecho,me toma por mi espalda baja y acerca su rostro al mío. Mi corazón se acelera. Respiro de manera entrecortada. Trago en seco.

—¿No me dirás tu nombre? Créeme. No es para que te expulsen.

Ese comentario me hace reír. Bajo un instante mi cabeza y luego la vuelvo a alzar para ver sus ojos.

— Soy Annie.  Estudio en la facultad de química.

Alza una ceja sorprendido.

—¿Química?

Asiento varias veces con mi cabeza.

— Interesante.

Se separa un poco de mí. Toma una de mis manos y deposita un beso en ella. Se aleja de mi y sube al auto.

— Nos vemos Annie.

El auto se enciende y él se aleja dejando en el aire una promesa de un próximo encuentro. Me volteo a entrar a la residencia de Elisa. Camino un poco hasta la entrada. Alzo mi vista. Ellas me miran en silencio fumando cada una un cigarro. Me brindan pero lo rechazo.

—¿Qué te dijo?— Pregunta Roxi dándole una calada a su cigarro.

— Nada. Que nos volveríamos a ver.

Roxi asienta varias veces. Me mira.

— Le gustaste.

La miro en silencio. Ella se da cuenta de mi expresión. Termina de fumar y me mira una vez más.

— Le causaste una buena...primera impresión.

— ¿Tú crees?

— Hombre...lo único que le faltó fue llevarte en brazos hasta la puerta de la residencia.— Dice Elisa terminando de fumar también.

Miro el suelo con la mente en blanco. La verdad...no sé qué pensar.

— Annie.—Miro a Roxi. — Tienes que seguirle el juego.

—¿Por qué?

— Porque él es uno de los jefes Annie.

—¿Qué?

— Si Annie. Estuvimos investigando en la primera planta. Y los tres que estaban sentados en los sofás, son los líderes de los Iκαρος, contando a Zain. El chico que te acaba de dejar en la entrada de esta residencia.

— Los otros dos son Maik y Simon. Son las tres personas más poderosas actualmente en la hermandad.

Miro a Elisa. Pienso en sus ojos verdes.

—¿Qué hay de Andreu?

—¿Quién?— Pregunta Elisa.

— El moreno de ojos verdes que acompañaba a Misa. La hermana de Zain.

— ¡Ah ese!—Elisa piensa un poco mirando el suelo. Me mira.— Nadie importante. Es solo el mejor amigo de Zain y novio de Misa.

— Pero...¿No pertenece a los Iκαρος?

— No,no pertenece. Él es un chico un tanto retraído y silencioso. Lleva mucho tiempo con Misa.

No puedo evitar sentir un salto en el estómago. Roxi me mira extrañada. Pero no dice nada. Elisa sin decir nada más se separa del muro dónde está recostada.

— Bueno...yo me voy retirando chicas.

Nos da a cada una un beso en la mejilla y se despide. La vemos subir por las escaleras en silencio. Suspiro.

— Creo que yo igual me voy. Voy a dormir en un hotel cerca de aquí.— Beso a Roxi en la mejilla y me despido de ella.

—Annie.—Roxi me llama. Me detengo y volteo a ver sus ojos. Ella camina un poco hasta mi encuentro.—¿Qué te pasa?

—¿De qué hablas?

— No lo sé. Pero no me gustó...cómo... cómo...— No termina de hablar, me mira en silencio. Suspira.

— Olvídalo. Tú... tú solo concéntrate en Zain¿De acuerdo?

Asiento en silencio mirando sus ojos.  Ella me sonríe un poco con la boca cerrada. Me abraza y la veo alejarse. Me dispongo a seguir mi camino. Llego a la recepción del pequeño hotel y pido una habitación. Joder.... son bien caras. Subo las escaleras y llego a mi puerta.

— ¡Esta vez tus celos fueron demasiado lejos Misa!

Escucho su voz. Viene de la puerta de al lado. Se que está mal escuchar conversaciones ajenas...pero...es más fuerte que yo. Entro rápido a mi habitación. Busco por todos lados. Lo encuentro. Tomo un vaso de cristal y vuelvo a salir al pasillo mal iluminado y apestando a ambientador barato. Miro de un lado a otro. Bien...no hay moros en la costa. Me acerco a la puerta y pego en vaso de cristal. Escucho un llanto.

—¡Siempre es lo mismo contigo!

Es la voz de ella.

—¿Lo mismo conmigo? Misa por favor. Yo no tengo nada que ver con ella. A penas y la conozco menos de veinticuatro horas.

—¡No me importa!¡Ví cómo se miraban!

—¿De qué hablas? Mira. No estoy esta noche de humor para tus celos. Mejor...mejor vete.

—¡No!¡No otra vez Andreu!¡No me vas a dejar otra vez!

—  ¡Es que no te aguanto!

Siento un llanto que se intensifica.

— Sabes que no me puedes dejar.

Silencio.

Silencio.

Silencio.

—  Si Andreu. No me puedes dejar porque yo...

Siento unas pisadas por las escaleras.

¡Mierda!

Me separo rápido de la puerta. Corro hacia mi habitación y entro. Cierro la puerta lo más rápido que puedo. Escucho la voz de varios hombres por lo bajo. Luego no escucho nada más.

Me doy por vencida y me decido a entrar a la cama. Hoy fue un largo día. Necesito... necesito dormir.

Me levanto sudada y respirando con pesadez. Miro la habitación. Es de día. Los rayos del sol entran por los ventanales de cristal. Miro hacia el frente. Mi reflejo se ve en el viejo televisor. Toco mi rostro, estoy sudada.

Otra vez he soñado con él.

Ray...te extraño. Creo que no podré dormir una vez más hasta que no descubra que te pasó. Que pasó contigo de verdad.

Salgo de la cama. Llevo puesta una bata blanca que encontré en el baño. Salgo hacia el balcón. El aire de la mañana me recibe. Despeina mi cabello rubio. Cierro los ojos y respiro el aire puro.

— Creo que hoy es mi día de suerte.

Abro los ojos. Miro hacia el balcón de al lado. Andreu me sonríe de espaldas a la baranda de metal.  Está sin camisa con su cuadriculado abdomen fuera. Él no deja de sonreír mirando mis ojos. Y yo...

Bueno...yo me he perdido en esos hermosos ojos.

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