Capítulo 3
—Bien . Todo está bien —murmuro .
—¿Quieres algo de comer? —Kelly se levanta de la silla y saca un sándwich del refrigerador.
Niego con la cabeza y empiezo a retroceder. —Estoy bien, creo que me voy a duchar —murmuro , les doy la espalda y empiezo a subir las escaleras.
—Nova —me detengo en medio de los escalones y me giro hacia la voz de mi madre .
- ¿ Sí? -
—Nos quedaremos aquí un tiempo, por si nos necesitas. —Me dedica una cálida sonrisa. Siento mucho frío.
—Estoy bien —digo, y me doy la vuelta para subir el resto de las escaleras. Oigo las voces bajitos de Kelly y Jake mientras camino hacia la puerta de mi habitación.
Respiro hondo mientras miro la puerta frente a mí. Doy un paso adelante y extiendo la mano hacia el pomo, pero no logro abrirla. Trago saliva y agarro el pomo. El metal está frío al tacto y se me eriza la piel. Con un suspiro entrecortado, abro la puerta y entro.
Tengo los ojos cerrados con fuerza, no quiero ver la habitación.
Cuando abro los ojos, no dejo de pensar que Alejandro estará allí. Estará durmiendo plácidamente en su cama, con el pelo revuelto y el rostro relajado. Respiro hondo y abro los ojos.
Las lágrimas brotan de mis ojos, siento un nudo en la garganta. Me tapo la boca con la mano para que mi familia no oiga mis sollozos.
¡Eso es todo!
Alejandro no va a volver. Es normal sentir ira al perder algo querido o amado. Tras un cambio radical en la realidad, es difícil asimilar las emociones. Hay tanto que procesar que la ira puede parecer una válvula de escape.
Esta ira me impide ser vulnerable, casi como si mi humanidad hubiera desaparecido. La ira es como una capa, una que ni siquiera sé que llevamos puesta, que cubre el terror. Necesito la ira para mantenerme entera porque sin ella siento que me derrumbaré en cualquier momento.
—Buenos días, cariño. ¿Has descansado bien? —La voz de mi madre resuena en la cocina vacía.
La miro por encima del hombro y la veo con su bata de seda. Vuelvo a mi tostada, sin intención de comerla. —Buenos días —murmuro .
- ¿ Cómo estuvo tu-
—¿Tostada ? —Le deslizo la tostada con mantequilla.
—No tenías que prepararme el desayuno, cariño. —dice ella, embelesada con la tostada.
Me encojo de hombros. —Es solo una tostada, nada que ver con un desayuno de verdad —murmuro poniendo los ojos en blanco—. Estoy casi segura de que se me quemó.
Bueno, qué se le va a hacer.
—Estaba pensando que hoy podríamos dar un paseo, tal vez hablar de… —Su voz se apaga.
—En realidad, ya tengo planes para hoy. —Me cruzo de brazos y miro el rostro esperanzado de mi madre.
—¿En serio? Bueno, quizá pueda ir. —Niego con la cabeza al instante. Ni hablar, mi madre no va a venir conmigo hoy.
—No creo que sea buena idea. Necesito hacerlo sola. —Veo cómo su esperanza se desvanece de su rostro y la preocupación se refleja en sus ojos azules.
—Me preocupas, Nova. No quiero verte sufrir más de lo que ya estás. —Ella niega suavemente con la cabeza, frunciendo el ceño. Suspiro y me acerco a ella, rodeándola con un brazo.
—Lo sé, mamá. Lo sé. —Ella me agarra la mano y me da un suave beso en ella.
—Buenos días. —Levanto la vista y veo a Kelly entrar en la cocina; mi padre la sigue de cerca, ajustándose los puños de la camisa mientras baja las escaleras. Tengo que apartar la mirada.
Me separo de mi madre. —Ya me iba. —Paso junto a una confundida Kelly e ignoro a mi padre cuando intenta agarrarme de la muñeca.
Cerré la puerta tras de mí y subí al coche. Al cerrarla, respiré hondo; el viento me golpeó con fuerza. Miré por la ventana con expresión de angustia; su olor era tan intenso que me dolía. Exhalé con un suspiro tembloroso e intenté ignorar su aroma.
Es como si estuviera aquí mismo. Duele muchísimo.
Sigo respirando despacio mientras conduzco. Aprieto el volante con tanta fuerza que mis nudillos se ponen blancos como el papel. Miro el anillo de plata que llevo en el dedo; el metal brilla al sol. Al levantar la vista, aparto todo lo que siento y me concentro en el motivo de mi visita. Aparco el coche y salgo; el sonido de la puerta al cerrarse resuena. Me quedo frente al edificio con rostro inexpresivo. Lo que antes era un hangar abandonado ahora no es más que escombros calcinados. Doy un paso adelante y mi pie cruje sobre algo. Miro hacia abajo y veo una cadena de plata quemada en el suelo.
Me agacho y la recojo, sosteniéndola hacia el sol. La mitad de la cadena se ha ennegrecido por el fuego, pero aún puedo ver claramente qué es. De la cadena cuelga un escorpión negro.
Aprieto la cadena con fuerza, consumido por la ira. Con la cadena aferrada a mi mano, la rabia invadiéndome lentamente, marcho hacia el edificio. Al entrar, me sorprende la magnitud de los daños causados por la explosión y el fuego.
Miro hacia atrás, donde estuvo la última vez que lo vi. Cegado por la ira, no me permito sentir nada más. Vine aquí en busca de venganza y respuestas. Mis pasos resuenan en el hangar destrozado. Aparto los escombros a patadas de vez en cuando. Me detengo donde yacía.
Ya no veo solo una viga, sino una enorme pila, más alta que yo, ahora encima de donde estaba la viga. No había forma de que saliera de ahí, y eso solo me enfurece aún más. Las lágrimas comienzan a formarse y caen lentamente por mis mejillas.
