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5. NO VUELVAS A MIRARLA

POV VALENTINA

El edificio de De Luca Group seguía siendo igual de intimidante.

Cristal.

Mármol.

Dinero.

Poder.

Y Adrián Rossi estaba ahí dominándolo todo como si hubiera nacido para esa tarea.

El edificio completo parecía moverse alrededor de él, los ejecutivos se enderezaban apenas lo veían aparecer, las asistentes bajaban la voz y los empleados evitaban cometer errores frente a él.

Y yo entendí demasiado rápido algo que jamás imaginé mientras estaba en París: Adrián ya no era solamente parte del imperio De Luca. Adrián prácticamente se había convertido en el imperio.

—Buenos días, signorina De Luca —la voz de la recepcionista me sacó de mis pensamientos.

Sonreí apenas y seguí caminando hacia el ascensor privado, intentando ignorar el nudo incómodo que tenía instalado en el pecho desde que puse un pie dentro del edificio, porque sabía exactamente lo que me esperaba arriba.

Adrián.

Las puertas del ascensor se abrieron directamente hacia el último piso y el sonido de varias voces llenó inmediatamente el enorme espacio ejecutivo.

Una reunión.

Perfecto.

Claro que mi primer día tenía que empezar así. Apenas entré a la sala de juntas sentí todas las miradas sobre mí y después sentí la de él.

Adrián estaba sentado en la cabecera de la mesa usando un traje gris oscuro que parecía hecho exclusivamente para arruinarme la estabilidad mental.

Levantó la mirada apenas crucé la puerta.

Me observo frío, implacable y peligroso.

Pero sus ojos recorrieron mis piernas desnudas antes de regresar lentamente a mi rostro.

Como si no pudiera evitarlo, como si me odiara por obligarlo a mirarme.

—Llegas tarde —dijo con calma y los demás miembros de la junta me miraron fijamente.

Miré el reloj inmediatamente. Solo eran tres minutos.

—Es mi primer día —dije con calma.

—Y ya estás justificando errores —soltó mientras volvía sus ojos al papel.

El silencio dentro de la sala fue inmediato, sentí el golpe directamente en el orgullo.

Maldito bastardo.

Tomé asiento sin responderle y eso pareció irritarlo todavía más.

La reunión continuó durante varios minutos mientras Adrián hablaba sobre la expansión internacional de De Luca Group.

Y Dios.

Odiaba admitirlo, pero era brillante. Siempre tan seguro, dominante e inteligente.

Todos lo escuchaban como si fuera imposible cuestionarlo y entonces apareció la pantalla del proyecto Dubái.

Y supe inmediatamente lo que iba a hacer.

—La campaña sufrió retrasos importantes hace dos años —habló con calma mientras cambiaba varias diapositivas—. Especialmente cuando la dirección creativa abandonó el proyecto sin previo aviso.

Sentí todas las miradas girar hacia mí de nuevo y Adrián ni siquiera me observó.

Eso fue peor.

—Sin embargo —continuó tranquilamente—, logramos corregir el desastre administrativo antes de perder a los inversionistas.

Apreté los dedos debajo de la mesa.

Me estaba castigando y lo estaba disfrutando.

—Supongo que París hizo que olvidaras revisar contratos antes de aprobar presupuestos —agregó finalmente mientras cerraba la carpeta frente a él.

Lo miré con rabia.

—Supongo que convertirte en vicepresidente te hizo olvidar la educación básica —le dije sin titubeos.

Algunos ejecutivos bajaron inmediatamente la mirada.

Y Adrián… Adrián sonrió apenas.

Como si estuviera esperando que explotara.

—La educación no compensa la incompetencia.

Quise lanzarle la maldita carpeta a la cara, pero antes de que pudiera responder, la puerta de la sala se abrió.

Y entonces lo vi.

Thiago Velasco.

El tiempo prácticamente no había pasado por él.

Seguía siendo elegante.

Seguro.

Ridículamente atractivo.

Sus ojos se abrieron apenas me encontró sentada allí.

—¡¿Valentina?!

Por primera vez en toda la mañana sonreí de verdad.

Y noté inmediatamente cómo la expresión de Adrián se endurecía al otro lado de la mesa.

Perfecto.

Entonces, y así de golpe la reunión dejó de ser importante y Adrian pidió que nos tomáramos un tiempo de descanso para luego volver.

No tenía idea de porque Thiago apareció tan de repente en la junta, pero fue como un bálsamo en medio de esa guerra que estaba teniendo con mi tío. Fui la primera en salir de la junta y sentí los pasos de Thiago siguiéndome.

La cafetería olía a café recién hecho y limón cuando Thiago colocó el pequeño plato frente a mí.

—Tarta de limón —dijo cuando me la entregó.

—Mi favorita —le dije con una sonrisa que intentaba contener—. Sigues recordándolo.

—Sigo recordando todo sobre ti, Valentina.

Lo dijo con naturalidad.

Sin juegos.

Sin crueldad.

Y por un instante olvidé lo agotada que me sentía desde que regresé a Italia.

Thiago me observó durante unos segundos antes de sonreír.

—Te ves feliz otra vez.

La frase me golpeó más fuerte de lo que esperaba, porque no era verdad. Él no tenía idea del desastre que era mi cabeza desde que volví a ver a Adrián.

Salimos juntos de la cafetería varios minutos después y apenas cruzamos la entrada principal de De Luca Group nos encontramos con mi padre.

—¡Thiago! —Alessandro sonrió genuinamente—. ¿Cuándo regresaste a Milán?

—Hace unos días.

Mi padre nos observó divertido.

—Suban conmigo. Hace años no hablamos.

Y por supuesto el destino decidió empeorar mi vida todavía más.

Porque cuando las puertas del ascensor se abrieron… Adrián estaba esperándonos.

Su mirada cayó directamente sobre la mano de Thiago en mi espalda y después subió lentamente hacia mí.

Oscura.

Territorial.

Y con ese peligro que él emanaba de sus perfectos ojos.

—Velasco —saludó fríamente a Thiago.

Thiago sonrió con tranquilidad.

—Rossi.

El aire entre ambos se volvió pesado inmediatamente y yo entendí demasiado rápido que aquello iba a terminar mal.

Mi padre fue llamado por su asistente para que firmara unos documentos de un proyecto y me pidió ir con él, me levanté del asiento a regañadientes, pues tenía miedo de lo que Adrian pudiera hacerle a Thiago, pero no podía desobedecer a papá.

POV. ADRIAN.

—¡No vuelvas a mirarla así! —Thiago chocó contra la pared del corredor privado cuando lo sujeté violentamente de la camisa.

No lo golpeé.

Pero sí me acerqué lo suficiente para que entendiera perfectamente lo que estaba diciendo.

—Creo que deberías soltarme —respondió con calma.

Odié que no sonara asustado. Mis dedos se tensaron más alrededor de su cuello.

—Valentina De Luca no es una mujer con la que puedas jugar.

Thiago me sostuvo la mirada durante varios segundos y después habló lentamente.

—Ese no parece el discurso natural de un tío.

Sentí el golpe directo en el pecho. Y por primera vez en años… realmente quise romperle la cara a alguien.

POV. VALENTINA.

Cuando regresé a la oficina de Adrian, era obvio que algo había sucedido entre ellos dos, sobre todo por el rostro rojo de Thiago.

—Tu amigo ya se va —dijo Adrian sin espacio para decir nada.

Acompañé a Thiago hasta el ascensor al final de la tarde.

—Fue bueno volver a verte, Vale.

Vale.

Hacía años que nadie me llamaba así.

Sonreí apenas.

—A mí también me alegró verte.

Thiago levantó lentamente la mano y apartó un mechón de cabello de mi rostro con una suavidad devastadora.

Y entonces lo sentí. La mirada de Adrián, levanté lentamente los ojos y vi que estaba observándonos desde las paredes de cristal de su oficina.

Inmóvil y furioso.

El ascensor se cerró segundos después y yo intenté ignorar el escalofrío que me recorrió completa antes de regresar al piso ejecutivo.

Error.

Porque apenas crucé la puerta de la oficina de Adrián… él me sujetó de la cintura y me empujó violentamente contra el escritorio.

El aire abandonó mis pulmones.

—¿Te divertiste? —preguntó con voz ronca.

Mi corazón latía demasiado rápido, pero reuní todas mis fuerzas y pensamientos coherentes para no perder otra batalla.

—¿Estás celoso?

La mandíbula de Adrián se tensó inmediatamente.

Después deslizó lentamente una mano por mi muslo desnudo.

Despacio. Peligrosamente despacio. Sentí el calor subir violentamente por todo mi cuerpo.

—No juegues conmigo, Valentina.

Pero yo ya estaba cansada de huir.

Así que me incliné apenas hacia él.

Y rocé mis labios contra los suyos, fue solo un segundo.

Uno.

Pero fue suficiente para destruirnos a ambos.

Adrián soltó un sonido bajo.

Peligroso.

Su mano subió inmediatamente hacia mi cintura y por primera vez sentí que realmente iba a perder el control.

Pero el destino grita lo que el instinto no puede contener, afuera se escuchaba el llanto de Leo.

Los dos nos separamos bruscamente.

Como si acabáramos de despertar.

Y el silencio que quedó entre nosotros fue muchísimo peor que el deseo.

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