Capítulo 4
SIENNA NAVARRO
Cole Reyes tenía un don.
Podía irritarme antes de que yo hubiera tomado café.
A las seis y veintidós de la mañana ya lo había conseguido cuatro veces.
—Tus botas son inútiles —dijo mientras caminábamos hacia los establos.
Bajé la vista hacia mis botas nuevas.
—Costaron cuatrocientos dólares.
—Eso no las hace útiles. Solo caras.
—¿Y las tuyas?
—Funcionan.
—Qué discurso tan inspirador.
No respondió.
Caminaba medio paso delante de mí, como si incluso el suelo del rancho obedeciera sus órdenes.
Lo peor era que el paisaje al amanecer resultaba precioso.
La luz dorada sobre las cercas. El aire todavía fresco. Los caballos moviéndose en silencio dentro de los corrales.
No pensaba admitirlo.
Jamás.
—Hoy vas a aprender a ensillar —dijo Cole.
—¿Y mañana qué? ¿Me gradúo como vaquera?
—Si sobrevives.
Le lancé una mirada asesina.
Mason apareció con dos cafés.
—Traje uno para Sienna.
—Te amo —dije.
Cole tomó el vaso antes de que pudiera alcanzarlo.
—Después.
Lo miré horrorizada.
—Devuélveme eso.
—Cuando terminemos.
—Cole.
—Sienna.
—Te voy a denunciar.
—Hazlo después de aprender a poner una silla.
Mason estaba disfrutando demasiado.
—Creo que ustedes dos van a casarse o a matarse.
—Mason —dijimos al mismo tiempo.
Él levantó las manos.
—Yo solo observo.
Cole eligió una yegua castaña llamada Bella.
—Tranquila —dijo—. Si tú no te pones nerviosa, ella tampoco.
—No estoy nerviosa.
—Mientes fatal.
—Y tú eres insoportable.
—Eso ya me lo dijiste.
Se colocó detrás de mí para enseñarme a ajustar la cincha.
Demasiado cerca.
Su brazo pasó junto al mío.
Olía a cuero, jabón y aire frío.
Una combinación ridículamente agradable para alguien con semejante personalidad.
—Tira aquí —indicó.
Lo hice.
—Más fuerte.
—Estoy tirando.
—Eso no cuenta como fuerza.
Me volví tan rápido que casi chocamos.
Nuestros rostros quedaron a pocos centímetros.
Cole se quedó inmóvil.
Yo también.
Por primera vez desde que nos conocíamos, ninguno tuvo una respuesta rápida.
Sus ojos bajaron a mis labios.
Solo un instante.
Después dio un paso atrás.
—Concéntrate.
Mi pulso tardó bastante más en obedecer.
Veinte minutos después, la silla estaba puesta.
—Lo hice —dije.
—Casi.
—¿Casi?
Cole corrigió una correa.
—Ahora lo hiciste.
—Eres incapaz de dejarme ganar una sola discusión, ¿verdad?
—No sabía que esto fuera una competición.
—Todo contigo parece una competición.
Algo en su expresión cambió.
—Créeme. Hay cosas que dejé de intentar ganar hace mucho tiempo.
Antes de que pudiera preguntar qué quería decir, una voz femenina llegó desde la entrada del establo.
—Cole.
Él se tensó.
Fue mínimo.
Pero lo sentí.
Una mujer rubia avanzó hacia nosotros.
Hermosa. Elegante. Demasiado arreglada para un establo a las siete de la mañana.
Sus ojos fueron directamente hacia Cole.
Luego hacia mí.
Y volvieron a él.
—No sabía que estabas ocupado.
El tono decía exactamente lo contrario de las palabras.
Cole dejó de parecer irritado.
Ahora parecía cerrado.
—Olivia.
Así que ella era Olivia.
La mujer que Chloe había mencionado después de husmear en mis redes y en las de todo el mundo, como siempre hacía.
Olivia Salazar.
Hija de Everett Salazar.
Y, por lo que Chloe había descubierto, la mujer con la que Cole había estado a punto de casarse años atrás.
Interesante.
Olivia me tendió la mano.
—No creo que nos conozcamos.
—Sienna Navarro.
Su sonrisa se congeló una fracción de segundo.
—Navarro.
—Ese es mi apellido.
—Lo sé.
La forma en que lo dijo me puso alerta.
Cole también la miró.
—¿Qué haces aquí?
—Mi padre quiere hablar con Grant.
—Entonces habla con Grant.
Olivia sonrió sin humor.
—Sigues siendo encantador.
—Y tú sigues apareciendo sin avisar.
Había historia entre ellos.
Mucha.
Y por alguna razón, eso me molestó.
No tenía sentido.
Apenas conocía a Cole.
Ni siquiera me caía bien.
Olivia volvió a mirarme.
—Ten cuidado con él.
Parpadeé.
Cole endureció la mandíbula.
—Olivia.
Pero ella continuó.
—Tiene la costumbre de hacer creer a la gente que puede confiar en él.
El silencio cayó sobre el establo.
Cole dejó la cincha que tenía en la mano.
—Basta.
Su voz ya no era fría.
Era peligrosa.
Olivia palideció, pero sostuvo su mirada.
—Solo estaba siendo amable.
—No. Estabas intentando empezar algo.
Se marchó sin despedirse.
Yo me quedé mirando a Cole.
—¿Qué fue eso?
—Nada que te importe.
—Qué curioso. Toda la gente de este rancho responde “nada” cuando claramente significa “un enorme desastre del pasado”.
Cole me miró.
—Aprendes rápido.
Entonces un golpe seco sonó detrás de nosotros.
Bella se encabritó.
La cuerda se soltó de la baranda.
Todo pasó en un segundo.
El caballo tiró hacia atrás.
Yo seguía demasiado cerca.
—¡Sienna!
Cole se lanzó hacia mí.
Sentí su mano alrededor de mi muñeca.
Luego el mundo se movió.
Y el suelo desapareció bajo mis pies.
