Capítulo 5
Olivia se quedó mirando la pantalla del celular como si las palabras pudieran cambiar solas.
No cambiaron.
El mensaje continuaba allí.
Frío.
Directo.
Imposible.
Apretó el botón de bloqueo rápidamente.
Después desbloqueó de nuevo.
La imagen todavía estaba allí.
El correo electrónico antiguo.
El mismo que ella había enviado seis años atrás.
Su corazón comenzó a latir más fuerte.
No de una manera romántica.
De una manera incorrecta.
De una manera que decía: esto no debería existir.
El ascensor se detuvo en la planta baja.
Las puertas se abrieron.
Gente entró y salió.
Nadie percibió que Olivia no estaba realmente allí.
Ella salió del edificio del Carter Group en piloto automático.
El aire de la calle pareció más pesado de lo que debería.
Nueva York estaba ruidosa como siempre.
Pero dentro de ella había un silencio extraño.
Como si algo hubiera sido desconectado.
Ella caminó hasta la acera sin mirar a los lados.
Tomó el celular nuevamente.
Releyó el mensaje.
“Pregúntale a Ethan Carter por qué guardó esto durante seis años.”
Seis años.
Ella repitió mentalmente.
Eso no tenía sentido.
No podía tener sentido.
Era solo un correo electrónico.
Un correo electrónico corporativo antiguo.
Que probablemente ni siquiera debería estar archivado.
E, incluso si lo estuviera...
¿por qué alguien enviaría aquello para ella ahora?
Y más importante:
¿quién lo había enviado?
Olivia giró el celular entre sus manos.
Buscó el número.
Sin resultado.
Número oculto.
Claro.
Porque nada en esa historia se molestaba en ser simple.
Ella respiró hondo.
Intentó racionalizar.
Tal vez fuera algún antiguo empleado de la empresa.
Tal vez una broma de mal gusto.
Tal vez un error del sistema.
Tal vez…
No.
Nada de eso explicaba la precisión del mensaje.
“Pregúntale a Ethan Carter.”
Como si él fuera la única respuesta posible.
Como si él estuviera en el centro de todo.
Ella dejó de caminar.
Se quedó parada en medio de la acera.
La gente se desviaba de ella sin darse cuenta.
Y, por primera vez desde que entró en aquel edificio, una sensación incómoda se apoderó de ella.
No era atracción.
No era curiosidad.
Era alerta.
—
Al otro lado de la ciudad, Ethan Carter estaba en silencio.
La oficina entera parecía más grande cuando él estaba solo.
La ciudad afuera continuaba viva.
Pero allí dentro, todo era controlado.
Medido.
Preciso.
Él estaba de pie nuevamente, frente a la ventana.
La misma posición de siempre.
Como si Nueva York fuera algo que él necesitaba observar para mantener el control.
Su celular vibró sobre la mesa.
Él no se movió inmediatamente.
Sabía quién era.
O mejor…
sabía el tipo de mensaje que era.
Finalmente se giró.
Tomó el aparato.
Leyó.
Y por primera vez en aquel día, su expresión cambió.
No fue sorpresa.
No fue confusión.
Fue algo más sutil.
Más peligroso.
Él colocó el celular de vuelta en la mesa.
Sin prisa.
Sin reacción externa.
Pero sus dedos quedaron inmóviles por un segundo más de lo normal.
Como si estuviera calculando algo.
O recordando.
La puerta de la oficina se abrió sin llamar.
Ethan ni siquiera miró.
— ¿Fuiste tú?
La voz era de Vanessa.
Ella entró ya sin paciencia.
— ¿Enviaste eso para ella?
Él finalmente se giró.
Calmado.
— No.
Vanessa lo encaró por algunos segundos.
Como si intentara encontrar grietas.
— Entonces alguien comenzó a jugar con esto.
— Parece que sí.
Ella dio un paso al frente.
— Esto puede salirse de control.
— Lo sé.
Su respuesta fue demasiado simple.
Vanessa entrecerró los ojos.
— No pareces preocupado.
Ethan caminó hacia la mesa.
Se sentó.
Abrió el archivo que todavía estaba allí.
Olivia Parker.
Foto.
Currículo.
Historial.
Y el correo.
El mismo correo.
Seis años intacto.
— No estoy preocupado — dijo finalmente.
— ¿Estás curioso?
Él no respondió de inmediato.
Solo cerró la carpeta.
— ¿Ya lo vio?
— Todavía no lo sabemos.
Vanessa se cruzó de brazos.
— Si ella hace la pregunta…
Él interrumpió.
— La hará.
Silencio.
Vanessa parecía incómoda.
— ¿Y si esto lleva a…
— Llevará — dijo él, sin levantar la voz.
Ahora sí había algo diferente.
No ansiedad.
No miedo.
Anticipación.
Vanessa lo observó con más atención.
— ¿Planeaste esto?
Ethan finalmente la miró.
Directamente.
— No necesité planearlo.
La frase quedó en el aire.
Pesada.
Ambigua.
Peligrosa.
A Vanessa no le gustó la respuesta.
— Esto no es un juego, Ethan.
— Lo sé.
— Entonces, ¿por qué parece que has estado esperando esto por años?
Él se levantó nuevamente.
Volviendo a la ventana.
Ojos fijos en algún punto distante de la ciudad.
— Porque lo estaba.
Silencio absoluto.
Vanessa no preguntó nada más.
Pero tampoco salió.
Ethan finalmente habló, sin mirarla.
— Mañana ella volverá.
— ¿Estás seguro de eso?
Él tardó algunos segundos.
Entonces respondió:
— Lo estoy.
—
Aquella noche, Olivia no durmió.
Acostada en la cama, encaraba el techo como si pudiera ofrecer respuestas.
Pero todo lo que venía era silencio.
Y el mensaje.
El maldito mensaje.
Ella se giró hacia un lado.
Tomó el celular nuevamente.
Abrió la imagen otra vez.
Y se quedó mirando.
Intentando encontrar algún detalle que explicara aquello.
Alguna pista.
Alguna lógica.
Nada.
Solo el correo electrónico antiguo.
Y la frase.
“Pregúntale a Ethan Carter…”
Ella cerró los ojos con fuerza.
Esto era absurdo.
Apenas conocía a aquel hombre.
Y ahora parecía que su vida entera estaba comenzando a girar alrededor de él.
Lo cual era aún más absurdo.
Ella dejó el celular en la cama.
Se giró hacia un lado.
Respiró hondo.
Intentando convencerse a sí misma de que al día siguiente todo volvería a la normalidad.
Reunión.
Trabajo.
Propuesta.
Fin.
Simple.
Racional.
Controlado.
Pero antes de quedarse dormida, una última pregunta insistió en permanecer:
¿Por qué él parecía saber ya que ella volvería?
Y a kilómetros de allí, Ethan Carter cerraba la misma carpeta una vez más.
Sin quitarle los ojos de encima por un solo segundo.
Como si finalmente algo que esperó por seis años estuviera a punto de comenzar.
