Capítulo 5
—Lo intentaré. —Sonrío levemente y echo un último vistazo a mi alrededor—. Vamos, te llevo a casa. —Sigo a Liam fuera del hangar hacia el coche. Abro la puerta y le echo un último vistazo fugaz al edificio.
Te prometí que siempre estaría ahí para ti, Grey.
—¿Lista ? —pregunta Liam, sacándome de mi ensimismamiento. Asiento con la cabeza y subo al coche, observando cómo el edificio se hace cada vez más pequeño a medida que avanzamos.
Me vengaré de lo que le hicieron los escorpiones.
Aunque sea lo último que haga.
***
Repaso toda la información que he reunido en tan poco tiempo. Al examinar la cadena que encontré, descubrí que en el reverso estaban las iniciales AT. He buscado entre todos los miembros de la banda, intentando encontrar a alguien con las mismas iniciales.
He reducido la lista a tres personas.
Axel Tomas
Austin Turner
Espina de fresno
Ahora les estoy siguiendo la pista a todos; en cuanto los encuentre, veré quién tiene una cadena y quién no. Espero sacarles alguna información.
—Voy por ustedes, muchachos —susurro para mí. La desesperación nunca me había consumido tanto como ahora. Cuando la cabeza te da vueltas y harías lo que fuera por sobrellevar la pérdida, empiezas a sentirte desesperado. Tan desesperado que estarías dispuesto a hacer casi cualquier cosa para detener el dolor aunque solo fuera un instante. Algunos recurren a la religión, rogando que alguien de arriba los salve. Otros gritan al universo, suplicándole que se los lleve. Otros, solo a sí mismos, se prometen ser mejores personas solo para que sus seres queridos sigan vivos.
Pero nadie habla de lo que sucede después de suplicar, gritar y prometer que te quedas sin nada más que impotencia. Nadie te dice que lo único que puedes hacer es pensar, pensar en cada momento que pasaste con ellos y pensar: «Quizás si no hubiera hecho eso...».
—¡Dios mío, Alejandro ! No puedo seguir así. —Levanto las manos frustrado.
Alejandro se gira hacia mí, sus ojos se oscurecen y su rostro se ensombrece. —¿Hacer qué, Nova? ¡Lo único que hacemos es discutir y follar! —grita .
—¡Eso es lo que quiero decir! Se acabó, sea lo que sea. Ya terminó. —Señalo hacia mí y hacia él, negando con la cabeza con cansancio.
—¿Eso es todo? —pregunta bajando la voz. Le doy la espalda mordiéndome el labio para no llorar.
—Eso es todo —susurro .
- No-
—¿Nova ? —Parpadeo , volviendo a la realidad. Miro a Liam y veo que me observa atentamente.
—Hola . —Le dedico una pequeña sonrisa mientras me aclaro la garganta.
—¿Estás bien? —Cierro los ojos ante la misma pregunta que escucho siempre.
—Estoy bien, Liam. ¿Qué quieres? —Voy al grano.
—Solo quería asegurarme de que estuvieras bien —dijo encogiéndose de hombros y apoyándose en la encimera de la cocina—. No lo estás , pero no entraremos en detalles —murmuró .
—Gracias , Liam, pero estoy cansada, así que voy a descansar. —Me levanto del taburete y empiezo a subir las escaleras.
—Nova —suspiro y me doy la vuelta—. Te lo prometo, es la última vez . ¿ Te estás cuidando? Pareces algo enferma. —Resoplo ante el comentario, pero lo dejo pasar.
—Gracias de nuevo, estoy bien. —Por fin subo las escaleras sin detenerme más y cierro la puerta rápidamente. Todavía me cuesta entrar en la habitación, pero no me queda otra; nos vamos pronto y tengo que empacar el resto de nuestras cosas.
Mi mano se posa en su camisa, que cuelga de la silla. La acerco a mi rostro e inhalo su aroma. Cierro los ojos e imagino que me abraza.
—Creo que en el fondo eres un osito de peluche. —Sonrío a Alejandro , que tiene la cabeza apoyada en mi estómago.
Se acurruca más cerca de mí, quejándose con fastidio. —No soy suave ni esponjoso —murmura . Le acaricio el pelo y tarareo.
—Te sientes suave —digo entre risas, tirando de su cabello. Él suelta un suspiro relajado y las comisuras de mis labios se curvan en una sonrisa; siempre supe que le gustaba cuando hacía eso.
—Bueno , yo desde luego no soy blanda. —Me besa el vientre bajo, provocándome una sensación de calor.
—¿En serio? —pregunto en tono de broma, rozando su espalda con las uñas—. Definitivamente no —jadeo suavemente mientras él presiona su erección contra mi muslo.
- ¡Oh, Dios mío !
Abro los ojos con lágrimas a punto de brotar. Doblo cuidadosamente la camisa y la coloco sobre la pila de su ropa, que poco a poco va creciendo. No sé qué hacer con todo esto. Mi corazón no puede más. Cada vez que veo, huelo o toco algo suyo, todo se paraliza.
Camino hacia la cama y me dejo hundir en el suave colchón. Con todo lo que ha pasado, no he tenido la oportunidad de dormir bien y creo que mi cuerpo está intentando aguantar. He llorado tanto que me siento agotada. Cierro los ojos, ignorando el frío que me invade.
No creo que jamás me acostumbre a esta sensación. Debería sentir sus brazos rodeándome, dándome calor. Debería poder acariciarle el pelo, viendo cómo se relaja su expresión. Debería poder darme la vuelta y verlo ahí, a mi lado.
Lloro en silencio mientras me duermo, demasiado agotada para mantenerme despierta. Además, es más fácil cuando estoy dormida; no siento el dolor cuando estoy dormida.
Unos suaves movimientos en mi rostro me despiertan. Exhalo y abro lentamente los ojos, notando la oscuridad. Giro la cabeza hacia un lado y suelto un grito ahogado.
—¿Alejandro ? —susurro en estado de shock.
—¿Pensabas que te alegrarías más de verme, Ángel? —Me sonríe dulcemente. Lo miro fijamente como si no fuera real.
Esto no puede ser real.
